sábado, 26 de enero de 2013

EL AMOR Y EL TIEMPO

Había una vez una isla muy linda y de naturaleza indescriptible, en la que vivían todos los sentimientos y valores del hombre; El Buen Humor, la Tristeza, la Sabiduría... como también, todos los demás, incluso el AMOR.

Un día se anunció a los sentimientos que la isla estaba por hundirse.
Entonces todos prepararon sus barcos y partieron. Únicamente el AMOR quedó esperando solo, pacientemente, hasta el último momento.
Cuando la isla estuvo a punto de hundirse, el AMOR decidió pedir ayuda.
La riqueza pasó cerca del AMOR en una barca lujosísima y el AMOR le dijo: "Riqueza... ¿me puedes llevar contigo?" - No puedo porque tengo mucho oro y plata dentro de mi barca y no hay lugar para ti, lo siento, AMOR...
Entonces el Amor decidió pedirle al Orgullo que estaba pasando en una magnifica barca. "Orgullo te ruego... ¿puedes llevarme contigo?
No puedo llevarte AMOR... respondió el Orgullo: - Aquí todo es perfecto, podrías arruinar mi barca y ¿Cómo quedaría mi reputación?
Entonces el AMOR dijo a la Tristeza que se estaba acercando: "Tristeza te lo pido, déjame ir contigo". - No AMOR... respondió la Tristeza. - Estoy tan triste que necesito estar sola.
Luego el Buen Humor pasó frente al AMOR, pero estaba tan contento que no sintió que lo estaban llamando.
De repente una voz dijo: "Ven AMOR te llevo conmigo". El AMOR miró a ver quien le hablaba y vio a un viejo.
El AMOR se sintió tan contento y lleno de gozo que se olvidó de preguntar el nombre del viejo.
Cuando llegó a tierra firme, el viejo se fue. El AMOR se dio cuenta de cuanto le debía y le pregunto al Saber: "Saber, ¿puedes decirme quien era este que me ayudo?".
-"Ha sido el Tiempo", respondió el Saber, con voz serena.
-¿El Tiempo?... se preguntó el AMOR, ¿Por qué será que el tiempo me ha ayudado?

Porque solo el Tiempo es capaz de comprender cuan importante es el AMOR en la vida.

VIVIR EL AMOR EN ACCION


En un vuelo comercial y cuando estaban cerca de su destino, la voz del capitán se escuchó a través del altavoz trayendo malas noticias – “Una persona ha muerto en el avión.”

Conmoción e incredulidad fueron las primeras reacciones de los pasajeros. Cuando todo el mundo miró hacia atrás, vieron al hijo de un hombre muerto sollozando su duelo en silencio, aguardando solo con el cuerpo de su padre en sus regazos al final del avión.

Una vez superado el shock inicial de la noticia y lo que estaba sucediendo en el avión se levantó y pidió a la azafata un recipiente vacío y se fue a cada uno de los pasajeros y les pidió de cualquier expresión de amor para el joven afectado. La mayoría de la gente dio dinero.

Otro caballero se levantó con otro recipiente vacío y le ayudó, ya que el primer contenedor se había llenado.

El torrente de ayuda era conmovedor, fuese cual fuere lo que se recolectara era aceptado. era  impresionante la bondad de los pasajeros y la forma en que se reunieron para ayudar.

Hasta el día de hoy se recuerda vívidamente la reacción de aquel joven, la expresión que fue impresa en su rostro y las lágrimas de gratitud cuando fueron a darle las expresiones de apoyo de parte de los pasajeros.

No era el valor material de las cosas, pero el simple hecho de que extraños se preocuparon por ser una fuente de fortaleza para alguien que ellos no conocían.

Cuando la compasion y la bondad nos mueven a realizar acciones de AMOR. Eso se llama: "Vivir el AMOR EN ACCION" Era lo que vivia Madre teresa en sus acciones. (Jose Garriga)

La felicidad espera aquellos que lloran, aquellos que han sido lastimados, aquellos que buscan, aquellos que tratan, porque sólo ellos pueden apreciar la importancia de las personas que han tocado sus vidas. (Madre Teresa de Calcuta)

Romanos 12:15
Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran.

Romanos 15:2
Cada uno de nosotros agrade á su prójimo en bien, á edificación.

Lucas 10:27
Y él respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y de todas tus fuerzas, y de todo tu entendimiento; y á tu prójimo como á ti mismo.

NO TEMAS NI DESMAYES

Muchas veces a lo largo de nuestras vidas, cuando estamos mas cerca de la bendición que Dios tiene para nosotros, somos victimas del desanimo y olvidamos que Dios prometió no desampararnos nunca. A propósito, la únicas personas que se desaniman son aquellas que luhan por algo grande. El desanimo rara vez toca al corazón... de la gente sin visión y sin metas, siendo el arma del enemigo para aquellos q saben lo que quieren.

"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes. Porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" Josué 1:7

Dios ha prometido estar contigo todos los dias de tu vida.

En el libro de Josue, cuando el pueblo de Israel se preparaba para la conquista de Canaan, y entrar en la tierra prometida, Dios le promete a Josuè que nunca lo desamparará y requiere de él de dos virtudes indispensables, el esfuerzo y la valentía. Dios no ha cambiado hoy y requiere que sus hijos nos mantengamos en pie de lucha frente a las adversidades.

Esforzarse significa continuar hacia delante, es un paso más, la milla extra que debemos caminar antes de la victoria final. La gente que triunfa nunca mira atrás. La diferencia entre lo ordinario y lo extraordinario es el esfuerzo extra. Los hombres y mujeres de éxito son aquellos que hacen las cosas que la gente ordinaria no desea hacer.

"Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que esta delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús." Filipenses 3:13-14.

Ser valiente no significa ausencia de temor, todos los hombres hemos sentido miedo en algún momento. El valor es la capacidad para continuar a pesar de los temores. La mejor manera de ser valiente es enfrentar lo que tememos. Es mejor hacer las cosas con miedo que no hacerlas porque tememos. Dios no nos ha dado el espíritu de cobardía, sino de poder, amor, y dominio propio.

"Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones, por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar; aunque bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a causa de su braveza." Salmos 46:2

No desmayes. Desmayar significa perder las fuerzas. Es muy fácil desmayar cuando hacemos las cosas con nuestro brazo de carne. La mejor manera de evitar desmayar es hacer las cosas a la manera de Dios y en el tiempo de Dios.

"El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas: levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán y no se fatigarán." Isaías 40:29-31.

Esfuérzate, se valiente y no desmayes. No le permitas al desanimo cortar en dos los grandes planes que Dios tiene con tu vida. El Señor ha prometido estar contigo para librarte. Los grandes propósitos conllevan a grandes batallas, las grandes batallas terminan en grandes victorias, y las grandes victorias cimentan nuestra fe a mayor profundidad. Cuando el desanimo toca a tu puerta simplemente no respondas, no le abras, y no le des entrada. Déjalo afuera de tu corazón.

DTB/INTENSAMENTE!!!!!

PARA LAS MUJERES

Mujeres se sabe que no es fácil aguantar las presiones de los varones, mantener tus valores, decirles que no es difícil por la manera en que su intención proponen, que muchos te seducen con dulces palabras para que entres en sus camas y asi descubrir tu desnudes, pero quien verdaderamente te ama espera y no solo en tu cuerpo muestra interés, también se ve que las burlas aumentan si no tienes una vida sexual activa que te dan por fea si físicamente a ellos no eres atractiva que si no enseñas la espalda o los muslos eres aburrida soso poca cosa pero quien no aprecia el capullo pierda la belleza de ver flores en las rosa, cuida a quien te entregas y no llores por pasadas decepciones, porque hay un Dios que en ti inclina su oído y escucha bien tus peticiones y recuerda que aunque este mundo desvalora a la mujer que a muchos hombres se ha entregado, hay un hombre que exige tu entrega pese a tu pasado, un hombre que no mira a ver si tienes minifalda o un pegado un maom, ese caballero se llama Jesucristo y no exige tu cuerpo si no tu corazón pero. También hay mujeres que se las buscan, mujeres provocativas, mira la manera en que provocas con tus ropas tus palabras tu actuar, porque te respetaran con la misma medida y es que el valor de un hombre hacia ti empieza por ti misma, recuerda que si provocas también lo haces para los que se aprovechan de ti por completo así que antes de subir un chin chin mas tu falda primero sube un chin chin mas tu respeto.

Oye chica! (amiga)
No puedes olvidar que la belleza exterior se acaba con los años (eso es inevitable)
En cambio cuando el interior se cuida y se valoriza te engrandeces cada día más
(recuerda) Tú nunca vas a lograr que la gente vea lo que tú tienes por dentro
cuando tu misma le das el enfoque solamente a lo que está afuera (analízate)
valorízate
!

MISTERIO DEL AMOR DE DIOS

Un caso de duda. En este artículo consideraremos la diferencia entre la duda y la confianza. Comenzaremos observando dos conversaciones que fueron muy similares, pero a la vez muy diferentes. Una fue entre el ángel Gabriel y el anciano sacerdote judío Zacarías; la otra se produjo entre el mismo ángel Gabriel y una joven judía de Nazaret llamada María.
Zacarías y su esposa Isabel eran personas muy buenas y devotas, que obedecían a Dios fielmente. Eran al parecer muy felices en su matrimonio, salvo por una cosa: no tenían hijos. Durante muchos años habían rezado pidiendo un hijo, pero sin resultados.
Sin embargo, todo cambió un día cuando Zacarías estaba cumpliendo sus deberes en el templo. Sin aviso previo, se le apareció el ángel Gabriel y él se sintió sobresaltado y en cierto modo atemorizado (¡quién no sen­tiría lo mismo!). Por eso, el ángel comenzó diciéndole “No tengas miedo” y continuó con el anuncio: “Dios ha oído tu oración y tu esposa Isabel te va a dar un hijo, al que pon­drás por nombre Juan. Tú te llenarás de gozo y muchos se alegrarán de su nacimiento” (Lucas 1,11-14).
Esta noticia era sin duda causa de enorme júbilo y entusiasmo, pero en el caso de Zacarías fue motivo de duda. No pudo creer que él y su esposa fueran capaces de concebir después de tanto tiempo: “¿Cómo puedo estar seguro de esto? Porque yo soy muy anciano y mi esposa tam­bién” (Lucas 1,18).
Decepcionado por esta respuesta, el ángel le recordó que él era Gabriel y trató de abrirle los ojos a Zacarías: “Yo soy Gabriel y estoy al servicio de Dios… ahora, como no has creído lo que te he dicho, vas a quedarte mudo; no podrás hablar hasta que, a su debido tiempo, suceda todo esto” (Lucas 1,19-20).
Un caso de confianza. La segunda conversación, entre el ángel Gabriel y la Virgen María, fue un poco más complicada. María, al igual que Zaca­rías, también se sorprendió e incluso se sintió turbada. Nuevamente, una reacción muy lógica. Por eso Gabriel también le aseguró a la joven “No ten-gas miedo” (Lucas 1,30).
Cuando el ángel le explicó que ella había sido escogida para ser la figura central en el plan de salvación, María respondió con expresiones que parecían similares a las de Zaca­rías: “¿Cómo podrá suceder esto? (Lucas 1,34). Gabriel le explicó más de qué se trataba, y María añadió “Yo soy esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho” (Lucas 1,38). De alguna manera, María fue capaz de aceptar el mensaje de Gabriel con una facilidad mucho mayor que Zacarías.
Un sí costoso. Tal vez no sea justo pensar que Zacarías no haya enten­dido bien el mensaje, pero el ángel Gabriel percibió que había algo más que sólo una falta de comprensión en la respuesta. Como sacerdote, Zacarías sin duda conocía la historia de su pue­blo, y conocía el caso de Abraham y Sara (ya ancianos que tampoco tenían hijos) y que Dios les había prometido un hijo. Es muy probable que Zacarías también haya sabido que Sara había dudado de esta promesa e incluso se había reído de ella. ¿Por qué no dijo Zacarías: “Si les sucedió a Abraham y Sara, ¿por qué no nos puede suceder a Isabel y a mí?”
Ahora comparemos las reacciones de Zacarías y María. La Virgen escu­chó el mensaje de lo que Dios quería hacer en ella y, al igual que el sacer­dote, se sintió confundida. Pero Gabriel percibió que la pregunta de María denotaba un humilde deseo de no dudar. Aun cuando María no lograba comprender todo lo que había escuchado, el ángel vio que ella con­fiaba sin reservas en el Señor.
El sí de María fue mucho más difí­cil y riesgoso que el de Zacarías. El mensaje del ángel a Zacarías impli­caba el nacimiento de un niño dentro de un matrimonio; pero, en el caso de María, se trataba de un hijo que sería concebido sin intervención humana. Para Zacarías, la dificultad implicaba el tiempo, la energía y el dinero que necesitaría siendo ya anciano para criar a un hijo; para María, la deci­sión implicaba un riesgo para toda su vida.
María tuvo que lidiar con la deci­sión de renunciar a sus propios planes y sueños. Probablemente percibía que el sí significaba poner fin a sus planes de matrimonio con José, de entrar en crisis con sus propios padres y abrir la puerta a la murmuración y la con­denación por parte de sus vecinos y conocidos. ¿Quién iba a creer que había quedado embarazada “por obra del Espíritu Santo”? ¿Quién iba a tener la temeridad de creer que María no había perdido nada de su pureza? Las consecuencias de esta decisión le cos­taban a María todo lo que era valioso para ella. Pero de todos modos, dijo que sí.
Creer en hechos concretos. Todo el tiempo del Adviento es una temporada de fe. María, José y los demás tenían que depositar su fe en las realidades que Dios les había comunicado, no en sus pro­pias emociones. Si María se hubiera fiado sólo de sus emociones, quién sabe si habría terminado diciendo: “Esto no puede ser. Dios no me va a pedir que haga algo tan difícil.” Quién sabe si José habría dicho: “Yo tengo derecho a casarme con una virgen. Dios no me va a pedir que tome a María por esposa. ¿Cómo voy a construir mi futuro sobre la base de un sueño?”
Es muy probable que María haya tenido una lucha interior, pues se sentía confundida. Pero cuando llegó el momento de la decisión, dijo que sí. Ella se fió de las palabras de Gabriel, aunque no lograba compren­der claramente las consecuencias. José también luchaba en su interior, tal vez no podía conciliar el sueño pensando y tratando de dilucidar la situación. Pero al final, también deci­dió confiar en Dios.
El pensamiento a veces nos hace tropezar. Lo razonamos todo y bus­camos una y otra manera de justificar las emociones que nos dominan en un momento determinado. Esta es la razón por la cual es preciso con­fiar en las verdades de la fe cristiana, no en las emociones y sentimientos humanos, que vienen y van.
En la Carta a los Hebreos leemos que “tener fe es tener la plena segu­ridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos” (Hebreos 11,1). Por la gracia divina podemos per­cibir la presencia de Dios, pero esa gracia no nos obliga a creer lo que se nos revela. Por esta razón, nues­tra voluntad (la decisión de creer en hechos concretos) es tan crucial para las decisiones que tomamos. Nuestra voluntad ve lo bueno que Dios nos revela por medio de la gracia y nos estimula el intelecto para aceptar que Dios es veraz y bueno a la vez.
Santo Tomás de Aquino lo ratifica cuando dice que nuestra fe nos mues­tra lo que sucede cuando decidimos aceptar a Dios: “La fe nos permite ver la bondad infinita de Dios, puri­fica nuestro corazón y nos dice que el peor mal que podemos sufrir es estar separados de Dios.”
Una temporada de fe. El tiempo del Adviento es una época en la que podemos pedirle al Señor que for­talezca nuestra fe; una temporada propicia para dejar de lado las dudas y reafirmar nuestra convicción de que Jesús vino al mundo a rescatarnos del pecado. Es una oportunidad especial para recordar que el Señor resucitó de entre los muertos y que vendrá nuevamente a llevarnos consigo a la felicidad del cielo. Es una época en la que podemos confiar que Dios nos ama con amor eterno y en la que podemos decirle: “Señor, creo en Ti y me siento maravillado por tu inmenso amor. Ayúdame a creer más.”
Así pues, dediquemos un tiempo extra en este Adviento para rezar y meditar en las narraciones del Naci­miento de Jesús, nuestro Señor, leyéndolas en el Evangelio según San Lucas. Escudriñemos las claves que allí encontramos y tratemos de bus-car indicios que nos inspiren una fe cada vez más firme. Pero no pensemos que es solo una historia demasiado conocida; por el contrario, que es una narración que encierra muchas verda­des acerca de Dios que poco a poco podemos ir descubriendo. Pidámosle también al Señor la gracia de ayudar a nuestros seres queridos, amigos y compañeros a acercarse más al cora­zón de Dios mientras celebramos el Nacimiento de nuestro Salvador en esta Navidad.•

Tomado de La Palabra Entre Nosotros