1. Falta de generosidad.
El amor se fundamenta en la capacidad de dar de forma altruista, sin
esperar nada a cambio intencionalmente. Este argumento se sustenta en
que los miembros de la relación presuponen al dar que el otro le
corresponderá debido a la confianza que se ha gestado entre ambos y a
la reciprocidad y reconocimiento que se profesan en sus acciones
individuales positivas. Es un efecto casi inconsciente, es decir, está ahí, pero no se da pensando en ello.
Las parejas infelices y egoístas dan para recibir algo a cambio de forma inmediata, no basado en una cuestión de demostración de amor hacia el otro.
2. Querer cambiar al otro.
Las parejas no tienen por qué coincidir en todo. De hecho, lo normal es
que no lo hagan. El éxito de una relación afectiva radica en la
capacidad de los miembros de la misma de aprender a conocerse y respetar
las divergencias que se dan entre ellos. Las parejas infelices
se reconocen por la necesidad de sus miembros de hacer que el otro
cambie y se amolde a las exigencias y formas de pensar de la otra parte.
3. No dedicar tiempo a la pareja.
Amar a otra persona hace que uno quiera pasar el mayor tiempo posible a
su lado. Las parejas felices protegen ese espacio común y se sacrifican
para, a pesar de las contrariedades de la vida o el ritmo frenético del
día a día, puedan seguir gozando de esos momentos de intimidad. En
cambio, aquellas que no apuestan por compartir y hacer
sacrificios por estar a solas con el otro miembro, provocan que cada vez
estar juntos se haga más complicado por la falta de sintonía.
4. El rencor.
Las discusiones deben ser el escenario idóneo para que las parejas se
encuentren ante la adversidad y aprendan de los errores. Hay que tener
la predisposición de resolver los conflictos y reparar el daño cometido.
Las parejas infelices convierten las divergencias en excusas para ser vengativos y rencoroso con el otro miembro. Cada pelea se convierte en una oportunidad para tomar la revancha y atacar con más fuerza al adversario.
5. Egoismo.
En una relación amorosa es importante la consulta, compartir las
decisiones que, al fin y al cabo, repercutirán en el día a día de la
pareja y en su devenir futuro. Las personas que se quieren y buscan la
felicidad conjunta, comparten y se potencian mutuamente. En cambio, las
parejas infelices, apuestan por fomentar su mundo independiente y
personal por encima del común e imponen sus decisiones y sus sueños a
los del otro miembro.
6. Hacer sentir culpable al otro. Preocuparse por la pareja, mirar por sus necesidades son actitudes que caracterizan a las parejas felices. Las
que acaban por volverse infelices pasan por encima de los deseos del
otro y fomentan su culpabilidad para salirse con la suya a como de lugar.
martes, 25 de marzo de 2014
sábado, 22 de marzo de 2014
El hallazgo sobre el Big Bang, ¿ofrece pruebas de Dios?
El sorprendente descubrimiento,
anunciado esta semana, de ondas en el tejido del espacio-tiempo ha
sacudido al mundo de la ciencia, y al mundo de la religión.
Ha sido presentado como evidencia de la inflación (una expansión del universo más rápida que la velocidad de la luz); el nuevo descubrimiento de rastros de ondas gravitacionales afirma los conceptos cientificos en el campo de la cosmología, la relatividad general y la física de partículas.
El nuevo descubrimiento también tiene implicaciones significativas para la cosmovisión de los judeo-cristianos, y ofrece un fuerte respaldo para las creencias bíblicas.
Ésta es la razón:
La teoría prevalente de los orígenes cósmicos antes de la teoría del Big Bang era la del "Estado sostenido", la cual afirmaba que el universo siempre había existido, sin un comienzo que necesitara una causa.
Sin embargo, esta nueva evidencia fuertemente sugiere que hubo un comienzo para nuestro universo.
Si el universo de hecho tuvo un comienzo, por la simple lógica de causa y efecto, tuvo que haber un agente -separado e independiente del efecto- que lo causara.
Eso me suena mucho a Génesis 1:1: “En el principio Dios creó los cielos y la Tierra".
Entonces, este último descubrimiento es una buena noticia para nosotros los creyentes, ya que agrega un apoyo científico a la idea de que el universo fue causado -o creado- por algo o alguien fuera de él y que no dependía del mismo.
El astrónomo ateo que se convirtió en agnóstico, Fred Hoyle, quien acuñó el famoso término "Big Bang", hizo esta famosa declaración: "Una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto jugueteó con la física".
Como Hoyle lo vio, el Big Bang no fue una explosión caótica, sino más bien un evento altamente ordenado, uno que no pudo haber ocurrido por casualidad.
También debemos recordar que Dios se revela a sí mismo tanto a través de la escritura, como de la creación. El reto está en ver cómo se acoplan estos dos aspectos. Una mejor comprensión de cada uno puede informar nuestra comprensión del otro.
No solo se trata de abrir la Biblia y leer cualquier cosa que encontremos allí desde la perspectiva estadounidense del siglo XXI. Tenemos que estudiar el contexto, la cultura, el género, al autor y a la audiencia original para entender la intención.
El mensaje de la creación en Génesis nos dice que Dios creó un lugar especial para que los humanos vivieran, prosperaran y estuvieran en comunión con Él, que Dios quiere tener una relación con nosotros, y prepara todo para que estemos en comunión con Él, incluso después de que nos alejamos.
Entonces, sabemos que Génesis nunca tuvo la intención de ser un manual científico detallado, en el que se describe cómo Dios creó el universo. El mensaje que imparte es teológico, no científico.
(Imagina qué tan confusos serían los mensajes acerca de las ondas gravitacionales y la materia oscura para los antiguos lectores hebreos).
Como científica y creyente moderna, cuando veo el cielo estrellado en una noche despejada, recuerdo que “los cielos cuentan la gloria de Dios" (Salmo 19:1). Me siento maravillada ante la complejidad del mundo físico, y cómo todas las piezas encajan a la perfección y se encuentran en armonía.
En el libro de Jeremías, en el Antiguo Testamento, el escritor nos cuenta que Dios "estableció su pacto con el día y la noche y con las leyes del cielo y de la tierra".
Estas leyes físicas establecidas por Dios para gobernar las interacciones entre la materia y la energía resultan en un universo afinado con precisión que proporciona las condiciones ideales para que se desarrolle la vida en nuestro planeta.
Cuando observamos la complejidad del cosmos, desde las partículas subatómicas hasta la materia y la energía oscura, rápidamente concluimos que debe haber una explicación más satisfactoria que una simple casualidad. Si se practica adecuadamente, la ciencia puede ser un acto de adoración al ver a Dios revelarse a sí mismo en la naturaleza.
Si Dios verdaderamente es el creador, entonces Él se revelará a través de lo que ha creado, y la ciencia es una herramienta que podemos usar para descubrir esas maravillas.
Ha sido presentado como evidencia de la inflación (una expansión del universo más rápida que la velocidad de la luz); el nuevo descubrimiento de rastros de ondas gravitacionales afirma los conceptos cientificos en el campo de la cosmología, la relatividad general y la física de partículas.
El nuevo descubrimiento también tiene implicaciones significativas para la cosmovisión de los judeo-cristianos, y ofrece un fuerte respaldo para las creencias bíblicas.
Ésta es la razón:
La teoría prevalente de los orígenes cósmicos antes de la teoría del Big Bang era la del "Estado sostenido", la cual afirmaba que el universo siempre había existido, sin un comienzo que necesitara una causa.
Sin embargo, esta nueva evidencia fuertemente sugiere que hubo un comienzo para nuestro universo.
Si el universo de hecho tuvo un comienzo, por la simple lógica de causa y efecto, tuvo que haber un agente -separado e independiente del efecto- que lo causara.
Eso me suena mucho a Génesis 1:1: “En el principio Dios creó los cielos y la Tierra".
Entonces, este último descubrimiento es una buena noticia para nosotros los creyentes, ya que agrega un apoyo científico a la idea de que el universo fue causado -o creado- por algo o alguien fuera de él y que no dependía del mismo.
El astrónomo ateo que se convirtió en agnóstico, Fred Hoyle, quien acuñó el famoso término "Big Bang", hizo esta famosa declaración: "Una interpretación con sentido común de los hechos sugiere que un superintelecto jugueteó con la física".
Como Hoyle lo vio, el Big Bang no fue una explosión caótica, sino más bien un evento altamente ordenado, uno que no pudo haber ocurrido por casualidad.
También debemos recordar que Dios se revela a sí mismo tanto a través de la escritura, como de la creación. El reto está en ver cómo se acoplan estos dos aspectos. Una mejor comprensión de cada uno puede informar nuestra comprensión del otro.
No solo se trata de abrir la Biblia y leer cualquier cosa que encontremos allí desde la perspectiva estadounidense del siglo XXI. Tenemos que estudiar el contexto, la cultura, el género, al autor y a la audiencia original para entender la intención.
El mensaje de la creación en Génesis nos dice que Dios creó un lugar especial para que los humanos vivieran, prosperaran y estuvieran en comunión con Él, que Dios quiere tener una relación con nosotros, y prepara todo para que estemos en comunión con Él, incluso después de que nos alejamos.
Entonces, sabemos que Génesis nunca tuvo la intención de ser un manual científico detallado, en el que se describe cómo Dios creó el universo. El mensaje que imparte es teológico, no científico.
(Imagina qué tan confusos serían los mensajes acerca de las ondas gravitacionales y la materia oscura para los antiguos lectores hebreos).
Como científica y creyente moderna, cuando veo el cielo estrellado en una noche despejada, recuerdo que “los cielos cuentan la gloria de Dios" (Salmo 19:1). Me siento maravillada ante la complejidad del mundo físico, y cómo todas las piezas encajan a la perfección y se encuentran en armonía.
En el libro de Jeremías, en el Antiguo Testamento, el escritor nos cuenta que Dios "estableció su pacto con el día y la noche y con las leyes del cielo y de la tierra".
Estas leyes físicas establecidas por Dios para gobernar las interacciones entre la materia y la energía resultan en un universo afinado con precisión que proporciona las condiciones ideales para que se desarrolle la vida en nuestro planeta.
Cuando observamos la complejidad del cosmos, desde las partículas subatómicas hasta la materia y la energía oscura, rápidamente concluimos que debe haber una explicación más satisfactoria que una simple casualidad. Si se practica adecuadamente, la ciencia puede ser un acto de adoración al ver a Dios revelarse a sí mismo en la naturaleza.
Si Dios verdaderamente es el creador, entonces Él se revelará a través de lo que ha creado, y la ciencia es una herramienta que podemos usar para descubrir esas maravillas.
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