Poder estar conectado todo el tiempo y la facilidad de acceso a cualquier información es una gran ventaja para las comunicaciones, para mantener relaciones a distancia y para agilizar y hacer más efectivo el contacto con otros, pero ¿qué pasa si esta conectividad se vuelve una obsesión?
Adicción
Cada
día son más las personas que se vuelven adictas a Internet y, aún más, a
las redes sociales; todo el tiempo tienen que estar conectadas,
publicar cada cosa que viven, revisar el correo constantemente, estar
enteradas de la vida de los otros y, si pierden conexión por alguna
falla de señal, se notan desesperadas y hasta irritadas.
Esta es una de las primeras razones por las cuales muchos tienden a deprimirse. Estar en línea todo el tiempo se ha convertido en una necesidad que si no se suple puede afectar seriamente el estado de ánimo de algunos.
Contenidos que deprimen
Ahora
bien, estudios recientes realizados en la Universidad de Stanford, en
Utah Valley University y en la Universidad de California en Estados
Unidos, aplicados especialmente a adolescentes y adultos jóvenes, han
demostrado que aquellos que más visitan las redes sociales, sobre todo,
Facebook, Instagram, Google y Twitter, tienden a deprimirse más.
¿Por qué? Estas redes sociales sólo muestran la cara amable, la parte feliz de la vida de las personas, se ven fotos y comentarios de gente sonriente, de viajes y vacaciones, de personas enamoradas, del carro nuevo que acaban de comprar, de los triunfos en el trabajo, de fiestas, y de muchos amigos haciendo actividades excitantes. Esto hace que el usuario empiece a compararse con sus amigos virtuales y crea que los otros tienen vidas “más felices”, que se divierten más y que el único que se la pasa mal es él, alterando así su estado de ánimo y llevándolo a pensar que la vida no es justa y finalmente causando depresión.
En realidad, estas redes sociales hacen creer que las personas son más
felices de lo que verdaderamente son. Donde sólo se ven los
momentos divertidos, nadie quiere publicar situaciones tristes, ni sus
problemas económicos, o su rompimiento con la pareja. Todo lo negativo
se esconde. Allí, donde todo se comparte con los amigos y familiares,
sólo se querrá mostrar lo positivo y lo grandiosa que es la vida.
Adiós a la privacidad
La
psicóloga Luisa Fernanda Restrepo afirma que la vida y las relaciones
interpersonales pierden toda la privacidad en las redes sociales, el
contacto con los demás se vuelve completamente público y través de ellas
cualquiera puede enterarse de lo que hacen los demás, perdiendo todo
tipo de intimidad y volviendo más vulnerables a los usuarios.
El uso indiscriminado de estas redes puede impactar directamente en el estado de ánimo de las personas causando más angustia que felicidad. Leer comentarios negativos o que se burlan de la gente, descubrir fotos de la pareja con otra persona, enterarse de que el ex acaba de casarse, o ver una fiesta a la que no fueron invitados, son motivos bastante válidos para deprimirse.
El uso indiscriminado de estas redes puede impactar directamente en el estado de ánimo de las personas causando más angustia que felicidad. Leer comentarios negativos o que se burlan de la gente, descubrir fotos de la pareja con otra persona, enterarse de que el ex acaba de casarse, o ver una fiesta a la que no fueron invitados, son motivos bastante válidos para deprimirse.
Como en cualquier situación, los excesos pueden llegar a ser muy dañinos y la adicción a las redes sociales no sólo cambia el comportamiento de las personas, especialmente de los jóvenes, quienes se ven más afectados psicológicamente en cuanto a sus relaciones interpersonales, sino que tiende a convertirlas en seres dependientes de la red, frustrados y tristes.
Desconectarse
Superar la depresión causada por los contenidos que se ven en las redes sociales o por las relaciones que se tienen a través de este medio con otros amigos, es tan sencilla como desconectarse. Poco a poco se puede superar esa necesidad de estar repasando una y otra vez todas esas publicaciones que aparentemente muestran vidas maravillosas, que seguramente causan envidia en muchos. Es claro que la vida no es tan perfecta como se ve allí.Luisa Restrepo concluye que hay que volver a la realidad, a las relaciones cara a cara, salir y tomarse un café en lugar de estar chateando, disfrutar más del aire libre, y de, simplemente, dejar de vez en cuando el celular o el computador en casa. Las redes sociales son una herramienta excelente si se aprenden a utilizar, con prudencia y pensando siempre en que los contenidos que allí se publiquen no afecten la intimidad, el autoestima, y la seguridad de sí mismos y de los demás.
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